miércoles, 5 de junio de 2024

El sorete cabezón

El sorete cabezón es un caso bastante especial: es un sorete que se maneja muy bien en los subsuelos del poder, pero que ha sabido también estar en los primeros planos. Prácticamente no hubo sorete que haya llegado al poder no tuviera algo que ver con él. Ya desde su primera incursión como armador para el “patilludo” se destacó en importancia. Nadie esperaba esa victoria en la interna, por cierto la última interna al estilo clásico que hubo en el partido sorete, tan acostumbrado, luego, al dedo mágico selectivo. Sin su accionar en la provincia de Buenos Aires, no se habría producido la victoria del riojano. Es decir, estamos ante la presencia de un hacedor de presidentes. Porque cuando le tocó elegir su sucesor, inauguró las dos decádas de casi hegemonía del soretismo. Sin embargo cuando le tocó su turno, no pudo revertir la mala imagen que dejó el patilludo luego de una década de escándalos y de hechos de corrupción, y sólo pudo llegar a la presidencia por una cantidad de casualidades irrepetibles: renuncia del vicepresidente, cansancio en general de la gente con la política, atentado del 9/11 en EEUU, decisión del gobierno de poner el llamado “corralito”, lo que lleva a la renuncia del ministro de economía y luego a la del presindente, lo que llevó a una asamblea legislativa y a la renuncia de 3 o 4 presidentes provisorios más, hasta que por consenso se estableció al sorete cabezón. Todo eso tuvo que suceder en pocos meses para que se rompiera el maleficio que impedía ser presidente a un gobernador de la provincia de Buenos Aires. Y tampoco se puede contar como una presidencia plena, ya que el “cabezon” solo pudo gobernar menos de dos años, período tras el cual le dejó la posta al “sorete vizco” que como venía con su esposa como parte del mismo proyecto, elaboró un plan de 20 años de hegemonía que salió casi a la perfección. Como gobernador de la provincia, el sorete cabezón tuvo una irregular performance, por un lado pudo establecer la reelección, cosa que su antecesor no había logrado. A pesar de que en su momento con una consulta popular el electorado negó esa posibilidad, se pudo establecer la reelección, ya que se habilitaba a nivel nacional, se hizo lo mismo con la provincia. Dura poco en este país el acatamiento de la voluntad popular. Su gobierno estuvo signado por la relación con la “maldita policía”, como se la conoció gracias a unas notas en una revista, a la que él llamó la mejor policía del mundo, la cual, arrastrando viejos vicios que venían desde la última feroz dictadura tenía control de casi todo lo ilegal, desde robo de automotores hasta el comercio de estupefacientes. Dicha relación tuvo sus picos máximos cuando fue asesinado el periodista José Luis Cabezas, el cual fue tomado por el gobernador como una afrenta personal. Tras el esclarecimiento parcial del hecho, el sorete cabezón creyó estar en óptimas condiciones para competir en las presidenciales. Pero la realidad le mostraría su cruel rostro: la vieja maldición seguía vigente. Ya como presidente, luego del golpe institucional al “chupete”, la policía volvería a darle dolores de cabeza cuando el jefe de un operativo policial asesina a sangre fría y sin motivos aparentes a dos manifestantes, lo que obligaría al sorete cabezón a adelantar las elecciones presidenciales y sellaría su no continuación en el cargo. Pero no se iría sin antes elegir a su sucesor. Es cierto que el sorete bizco no fue su primera elección. Es inimaginable lo distinto que podría haber sido el país si el sorete F1 hubiera aceptado la candidatura al cargo. Pero el hombre que no venía de toda una vida en la política vio algo que lo espantó. Como nunca aclaró de qué se trataba aquello, la imaginación de cada persona puede llenar ese espacio según su libre albedrio. Luego un sorete cordobés no dio la talla en las encuestas, por lo que el cabezón se decidió por la tercera opción: el sorete bizco del sur. Al ser todo un desconocido, eso suponía una desventaja en un principio, por eso fue nuevamente fundamental el trabajo del cabezón en los distritos del gran Buenos Aires, tierra de los barones del conurbano. Por segunda vez el soretismo se presentaría dividido, y por segunda vez ocuparían el primer y segundo lugar. El sorete patilludo hizo la maniobra de renunciar a su candidatura luego de la primera vuelta, es decir renunciar al ballotage, en el cual, según las encuestas, perdería 70 a 30 aproximadamente. Entonces: para no darle legitimidad al nuevo gobierno, se retiraba diciendo que lo hacía por la patria y quien sabe cuántas mentiras más. De modo que el cabezón había hecho triunfar en la interna soretista al sorete bizco, inaugurando la década ganada o robada, según el intérprete. Es que el cabezón creyó poder dominar a un gobernador de una muy lejana provincia, suponiendo su desconocimiento del terreno del conurba. En eso se equivocó drásticamente, ya que, fiel a la tradición soretista, se traicionaron mutuamente y confrontaron en la primer elección de medio término, poniendo al frente de las listas, cada cual a su esposa. Sí, eso sucedió, aunque parezca de otra época, los más chicos no lo van a poder creer. Pero es así el soretismo muchachos, si no voy yo, va mi señora, sino mi hermano o mi hijo, que es lo mismo. El poder se hereda en el soretismo. Me tocó presenciar en primera persona la capacidad que tienen los intendentes para cambiar su lealtad: primero apoyaban al cabezón y luego de la derrota de este, apoyaban al bizco, sin ponerse colorados ni mostrar ninguna incomodidad. Así es el soretismo: por eso festejan el día de la lealtad, porque el resto del año viven traicionándose. De modo que el sorete cabezón se fue transformando en un jarrón chino, una persona de poca importancia política, que sólo generó un cierto revuelo cuando hizo declaraciones antidemocráticas, que luego adujo a un estado temporal de locura senil.

El patilludo

El caso del sorete patilludo es un caso muy particular: se adueñó de toda una década. Mientras gobernó hizo lo que quiso: se acostó con las más famosas y bellas vedettes, se codeó con estrellas de la música de nivel mundial, incluidos los Rolling Stones y Madonna, jugó al tenis con George Bush padre, que en ese entonces era presidente del país del norte, con el cual tuvimos relaciones carnales, según una expresión que caló hondo en esa época. Vendió casi todas las empresas de servicios públicos a capitales extranjeros, en su mayoría, dando por tierra con el tan mentado nacionalismo del movimiento sorete, con muy poca oposición interna del partido. Vendió armas a dos países en conflicto de manera ilegal, y para tapar las huellas de ese delito, hizo estallar medio pueblo en la provincia de Córdoba. Durante su gobierno se perpetraron los únicos atentados de origen islámico en contra de intereses relacionados con la comunidad judía, y lo único que se hizo fue embarrar la cancha de la investigación, tanto que luego de casi treinta años aún se sabe muy poco acerca de quiénes fueron los responsables de dichos atentados. Durante su gobierno se alcanzó la mayor desocupación que ha tenido el país, mientras que, por otro lado, se llegó a la menor inflación de toda la historia, lo que supuso un extraño equilibrio entre bienestar y malestar de la población. Al estar atado al dólar, nuestra moneda paso a ser una moneda fuerte, con lo que convenía importar antes que producir, eso llevó a un alto consumo de las clases medias y a una pauperización de los más pobres. Por un lado la gente con sueldo promedio podía viajar al exterior, siendo Brasil uno de los puntos más elegidos, y por el otro surgió el movimiento piquetero, en respuesta a la falta de oportunidades de los más pobres. Sin duda que el sorete patilludo fue el responsable de la escisión del partido sorete con su principal sostenedor histórico: el sector de los trabajadores. Por un lado se fueron viendo cada vez peores condiciones de trabajo, y por el otro a sindicalistas poco propensos a la lucha y si a verse enriquecidos por medios poco transparentes. Yo mismo fui testigo de cómo las jornadas de trabajo se extendieron a 12 y hasta 18 horas, sin que el gremio en cuestión levantara la más mínima queja; si señores, la tan mentada reforma laboral sucedió de manera silenciosa durante la década patilluda, sin que le hicieran un solo paro nacional durante su primer gobierno. Además, gracias a la apertura indiscriminada a las importaciones, se destruyeron innumerables puestos de trabajo, sobre todo en la actividad productiva. Pero de manera casi mágica, los soretes del sur se despegaron de toda la herencia del patilludo, como si no hubiesen tenido nada que ver. Sabido es que se han enriquecido gracias a la privatización de YPF, pero han sido los primeros en denostar las privatizaciones. Por lo menos en esto han sido un poco coherentes, ya que luego la yegua impulsó la estatización de la empresa, que le costó al estado un dineral, que aun en nuestros días se sigue incrementando por fallos en contra de la justicia internacional por los “errores” cometidos en la nacionalización. Pero tanto en estilo como en ese amor incondicional por los dineros públicos, los del sur fueron tan soretes como el patilludo. Se solían comparar ambos periodos por la alta corrupción que hubo en ambos, sin embargo, al primero lo caracterizó más que nada la desfachatez, en el segundo la corrupción fue más ordenada y más onerosa para el estado. Es que, al patilludo, le gustaba más la cámara que el dulce de leche, tanto que llegó a dirigir un programa de televisión ante la ausencia de su titular, siendo ya presidente de la república. Pero en la voracidad por el capital al que dicen combatir, fueron iguales. Sin embargo se despegaron tanto que la década del 90 pasó a ser una nueva década infame. En algún sentido es cierto que fue una década infame, no solo por los escándalos de corrupción que se conocían cada tanto, sino por los únicos dos atentados de origen islámico producidos en nuestras tierras. Hay una teoría de que la muerte del hijo del sorete patilludo fue un tercer atentado, pero como la justicia se ha expedido en contra, lo dejo como simple hipótesis, ya que el mismo sorete patilludo, en un famoso programa de televisión, ante la consulta de la conductora, ya cuando estaba finalizando su presidencia, reconoció en vivo y en directo que para él la muerte de su hijo fue un atentado, cuando mientras que estuvo en poder pleno, siempre negó ese hecho, y es más, desde su círculo de chupamedias se la trató de loca a su ex esposa que insistía con la tesis del atentado. Es sabido que algunos de los testigos del hecho sufrieron extraños accidentes. No hay que olvidar tampoco un par de suicidios extraños ligados a hechos de corrupción o escándalos sexuales que siempre tenían que ver con el desparpajo con el que manejaba el poder el sorete patilludo. El peor hecho de corrupción, según mi modo de ver, fue el de la venta de armas a Ecuador, mientras como estado éramos garantes de la paz, y a Croacia, cuando nuestro ejército hacia la veces de cascos blancos. Eso no hubiera sido tan grave, si no hubieran volado medio pueblo en la provincia de Córdoba, para cubrir las huellas de esa venta ilegal de armas. Por esta causa el sorete patilludo estuvo “recluido” en una quinta de un amigo como simulacro de prisión domiciliaria, por apenas unos meses, en los que pudo jugar al golf, disfrutar de su nueva esposa y de sus secuaces de andanzas. De más está decir que la causa por la venta ilegal de armas nunca tuvo fallo firme, es decir el patilludo murió “inocente”, para la justicia argentina, que es demasiado ciega cuando quiere. Más allá de todo el dinero robado, el patilludo inauguró una tradición que la yegua continuaría, la de nunca dejar de depender de los fondos del estado continuando como funcionario público en el Senado de la Nación, en este caso, a modo de Jubilación de privilegio, manteniendo los fueros que lo alejaron de la cárcel. Esta gente se maneja como si fueran el estado, parafraseando a Luis XIV.

Partido único

El soretismo tiene un viejo sueño: convertirse en el único partido que puede gobernar este país. Esto en realidad ya casi estaba cumplido dado que los dos gobiernos radicales post última dictadura, no pudieron terminar de gobernar en el tiempo estipulado por la constitución. Sin embargo el gobierno del gato si pudo hacerlo, aunque con mucha dificultad: de no ser por el FMI la crisis se lo hubiera llevado puesto. En otro apartado discuto que el gobierno del gato haya sido radical, como decía el turquito soretín, irónicamente, sin duda, pero, más allá de la obvia presencia de ex soretes y de los coqueteos del gato con altos sindicalistas al principio, se transformó en el primer gobierno no peronista en poder terminar su periodo desde los tiempos de Marcelo T. de Alvear. Es decir que la hegemonía del partido sorete llega a casi 100 años, interrumpido por gobiernos de facto y gobiernos débiles que no culminan su periodo. De alguna manera este país es un país sorete: nos merecemos toda la mierda que nos hemos tenido que comer en estos años, por no lograr establecer una alternativa verdadera a los soretes. A los soretes les sienta tan bien el poder, que ya no disimulan su falta de interés en el tan mentado bien general: ni bien están en el poder solo piensan en la manera de llenarse los bolsillos lo más rápido posible, eso sí siempre diciendo que todo lo que hacen es en pos del bienestar del pueblo, la gente, el otro. “La patria es el otro”, nuevo genial slogan de la juventud maravillosa: mentira repugnante; pero siempre hay algún iluso que se cree estos apotegmas, o finge creerlos, para pasarla bien. Pero hay algo que el sorete en el poder no puede dejar de ser: multimillonario; aunque siempre se muestren como enemigos de la oligarquía, a la que la gran mayoría de los soretes pertenezcan a ella. El sorete dirigente promedio suele vestirse como un ciudadano común más, salvo la reina yegua, que no disimula su gusto por las carteras de diseñadores. Pero el dirigente sorete suele vestirse de jean, remera y campera de cuero. Es para mimetizarse con la peonada, el pueblo, la gilada, a la que ya no pertenecen, pero a la que representan. Es que algo hay que reconocerles a los soretes: saben tratar de manera muy adecuada a los pobres. Con sus políticas en los últimos 20 años han multiplicado a los pobres, sin embargo, el pobre no los odia, todo lo contrario: los adoran. Es que parecen uno más de ellos, en eso son muy hábiles los soretes, y les dan lo poco que ellos creen tener: les regalan heladeras, aunque no tengan luz, les permiten vivir en villas miserias, sin pagar la luz y el agua, pero sin cloacas. ¿Para qué mierda quieren cloacas si son pobres? Mejor démosle algún que otro alimento gratis, un plan social cada tanto, para que se mantengan en la pobreza, pero eso sí, trabajo en blanco no, no vaya a ser cosa que se empiecen a considerar como clase media y les den la espalda a los soretes. Entonces, he aquí el gran circulo vicioso (para la sociedad, virtuoso para los soretes): los pobres son los que nos votan en su inmensa mayoría: así que: ¿para qué generar las condiciones para crear trabajo legítimo? Con mantener pobres a los pobres y darles estímulos para que se multipliquen, la asignación universal por hijo, no es otra cosa que eso, para que cada vez haya más pobres y nosotros (los soretes) sigamos en el poder. Parece algo muy cínico y siniestro, pero: ¿no es cierto que de los últimos cinco gobiernos, cuatro han sido soretes? Evidentemente el plan salió casi a la perfección. Apenas hubo un traspié de cuatro años. Es cierto que el gobierno del gato casi sorete tuvo sus grandes errores, de los cuales, el principal a mi modo de ver, es que se presentaron como el “cambio”, cuando en realidad solo fueron más de lo mismo. De modo que el plan, si es que lo hubo, les salió bastante bien. Tal es su deseo de ser partido único que en los últimos tiempos hubo manifestaciones de soretes de segundo orden como: “no creemos en eso de la alternancia en el poder”, o, “los objetivos del partido comunista chino son los mismos que el del nuestro”. Si bien ese sorete no lo dijo, yo completaría esa frase con lo siguiente: “perpetuarnos en el poder a costa de la libertad de nuestro pueblo, pero a aquel sorete no creo que le convenga ser tan sincero. Otro sorete dijo, casi como confesión: “nuestro objetivo tendría que ser nuestra desaparición, cuando todo el pueblo se considere de clase media”, esta frase del sorete de Avellaneda, puede leerse como: nuestra supervivencia consiste en mantener al pobre bien pobre, y multiplicarlos, en la medida de lo posible, para así perpetuarnos en el poder”, que es lo que en la práctica, que está bien lejos de la teoría, está sucediendo. Tal es la caradurez de los soretes que ya ni siquiera fingen el amor al pueblo. Solo les interesan dos cosas: el poder y el dinero, o, mejor dicho, solo el poder, ya que con ello viene lo segundo, casi como una obviedad. Un ejemplo claro es el de los intendentes, los cuales ni siquiera se preocupan en establecer sus domicilios en el municipio el cual dirigen: en su gran mayoría suelen vivir en los mejores barrios de la capital o en los exclusivos countrys o barrios cerrados de intendencias alejadas de la de su origen. De nacional y popular solo la apariencia. Por ahora la historia les da la razón, en cierta medida a los soretes, como dijo el sorete sin manos: no es que seamos buenos, es que los otros son peores. Esta frase que podría considerarse un sincericidio, es la regla por la que votantes independientes suelen inclinarse por los soretes: son el mal menor. “Roban pero hacen”, esta frase que es tremenda, fue dicha incluso por una de nuestras artistas de mayor calidad, defendiendo en ese momento al sorete patilludo, en contra de una manifestación de docentes, que estaban en huelga de hambre sin cortar ninguna calle como sucede ahora con las protestas. Resumiendo: los soretes quieren ser el único partido que puede gobernar nuestro país, y como en la práctica casi está corroborado por los votantes, aunque roben, maten, mientan, y cometan cuanto delito pueda cometerse desde el poder. De modo que tenemos lo que nos merecemos, aunque sea triste decirlo.

Los sindicalistas soretes

Desde su origen, el movimiento sorete tuvo su base, aun antes de que Perón, el sorete máximo, se viera legitimado por las elecciones del 46, en los sindicatos. Fue la maniobra más genial del líder sorete: ponerse en el bolsillo a todos los jefes de los principales sindicatos. De ahí en más, casi nunca más hubo un sindicalista que no fuera sorete. La gran tarea del coronel fue limpiar de los sindicatos todo rastro de socialismo, comunismo y anarquismo. En eso fue muy eficaz: tanto que desde la poco importante hasta ese momento, secretaría de trabajo, forjaría el poder que lo llevaría a la presidencia. Este es la razón principal por la que me parece que el peronismo es un movimiento fascista: sus enemigos fueron los socialistas y comunistas (es por eso que es muy loco que aun hoy existan peronistas de “izquierda”, un claro ejemplo de oxímoron). En lo que se diferenció el coronel del Duce, fue en ponerse en contra de las elites sociales: empresarios y eclesiásticos. Pero esas diferencias fueron más por reacción que por convicción, tanto de unos como de otros. Sin el apoyo de los sindicatos no hubiera existido el 17 de Octubre. Esa movilización en favor del detenido coronel fue lo que dio inicio al famoso movimiento y también fue el sostén que le dio la permanencia política al sorete mayor, aun estando en el exilio. Durante los años de proscripción el poder se mantuvo en los sindicatos, no hay duda. Es impresionante ver, en la actualidad, como el promedio de duración en el cargo de estos jerarcas, sea de más o menos 25 años. Es decir, en una fuerza que se dice democrática, su sostén es prácticamente monárquico. No existe la tan mentada “democracia sindical”. He sido testigo en más de una oportunidad de los simulacros de votación, para elegir delegados, que harían poner rojo de vergüenza al mismísimo Fidel Castro. Casi siempre hay lista única en las elecciones sindicales. Y cuando se dirimen internas, como por ejemplo en el sindicato de la construcción, se realizan a pura violencia, gana el que más fuerza pueda ejercer sobre el otro, algo más medieval que democrático. Hay otros ejemplos en los cuales un hijo sucede en la dirección del sindicato a su padre, cosa que subraya el carácter monárquico de este sub-movimiento. La clase sindical no es uniforme, como uno podría llegar a suponer, en el transcurso de la historia ha habido serios conflictos entre estos jerarcas y han llegado hasta asesinarse unos a otros. Pero bueno, como decía el “no” general: no es que se están peleando, se están reproduciendo. Famosos han sido los casos de Vandor y de Rucci, los cuales fueron asesinados por otros “compañeros”. Pero en ese caso no fueron asesinados por otros sindicalistas, fueron víctimas de la infame interna peronista. En esos casos fue desde la supuesta izquierda del movimiento que vinieron las balas. Pero más allá de las diferencias que puedan tener entre ellos los muchachos sindicales, una característica les es común: una vez que llegan a la dirección de un sindicato: no lo largan más, solo se los puede sacar con las patas para adelante o por auto jubilación del susodicho. Es que los beneficios de estar a la cabeza de un gremio son inigualables, tanto que a juzgar por el nivel de vida de esta gente, pertenecen más a la clase oligárquica, tantas veces denostada por ellos y por otros “muchachos”, que a la clase obrera. Es impresionante ver la opulencia que supieron tener los sindicatos en otras décadas, en las cuales se construyeron hoteles y campos de deportes por todo el país. Seguramente fue una época de oro. Sin embargo, en la actualidad, ya no se construyen hoteles y campos de deportes para los socios de los sindicatos, ahora, y hace ya un buen tiempo, el dinero destinado a esos beneficios se desvía hacia destinos no tan claros. Un claro ejemplo es el sorete titular sindicato de porteros, que se dedicó en los últimos años a comprar medios de comunicación, para apoyar a los gobiernos soretes, y los porteros no ven el más mínimo beneficio de dichas compras. Como en otros terrenos, se utiliza el dinero común en beneficio de unos pocos. Hay otros ejemplos más tristes de estos desvíos: por ejemplo el del finado “sorete mumo”, el cual tuvo la mala idea de morirse sin dejar en claro cuáles de sus propiedades, que figuraban a nombre de testaferros irían a cual de todas de sus hijas de distintos matrimonios. Luego de su muerte se produjo una escandalosa disputa entre hermanas. De más está decir que esas propiedades eran injustificables a juzgar por los ingresos e, blanco del sorete fallecido. Es que los soretes sindicales son fenómenos en manejar dinero en negro, tanto que últimamente se han dedicado a presentarse a elecciones en distintos clubes de futbol, siendo el caso más destacado el del “sorete camionero”, el cual ha dejado muchas deudas y dudas después de su paso por el club que dirigió. Es que aquello de “combatiendo al capital”, debiera ser cambiada a “apropiando al capital”, para hacer una descripción más actualizada de lo que son los dirigentes soretes.

El muñeco

El presidente actual* fue ungido por la vice, la “yegua”, la cual le cedió el primer lugar en pos de una victoria, la cual fue lograda. Sin embargo algo faltó en esa extraña alianza: ver cómo iban a gobernar si es que ganaban, a juzgar por el resultado desastroso del gobierno del “muñeco maldito”. El mismo “alverso” se preguntó en más de una vez: ¿Cómo se puede ser títere y autoritario a la vez? Y bueno, a las pruebas me remito: este sorete especial, que puede ser catalogado como “sorete de la última hora”, para diferenciar a los “soretes de la primera hora”, es decir, los que siempre fueron soretes. Este ser pusilánime hizo gala de su falta de coherencia al cambiar de opinión según fueran los vientos. Esto que es muy frecuente en los políticos en general, en el caso de este “muñeco” esta multiplicado a la enésima potencia: si nadie resiste un archivo, este sorete es el máximo exponente. Un día dice que en su gobierno no va a haber expropiaciones y al otro manda un proyecto de expropiación de una compañía de exportación de cereales. Unos días más tarde retira el proyecto ante la reacción de la gente de clase media de la provincia afectada por esa expropiación, con lo que queda con muy mala imagen con sus compañeros de gobierno, especialmente: la yegua. Al mismo tiempo, con la perfecta excusa de una pandemia mundial, encierra a todo el país en su casa como si fuera la edad media. Esas actitudes le dan en principio buena imagen con la gente: es visto como el padre protector de todos. Al poco tiempo, se conocen imágenes que demuestran que ha violado su propio decreto, con lo cual se convierte en el peor de los tiranos, aunque finja demencia en un acto público, diciendo que ese festejo “no debiera haber ocurrido”, cargando la culpa en su compañera, y ante el ataque verbal de un sorete disidente, se carga con toda la responsabilidad, cosa que en un principio no hizo, pero sin nunca pedir disculpas por su acto de tiranía. Ni hablar de cuando se paseaba por los programas de un “medio hegemónico”, demonizando a su luego “ungidora”, denostándola como la peor de todas y condenando sus ataques a la justicia y a los medios de comunicación, para luego pasar a ser el primer defensor de la yegua e impulsando en el congreso un juicio político a toda la corte suprema, lo que supone un golpe de estado institucional a uno de los poderes de la república. O por ejemplo cuando mostró su misoginia cuando le contestó en la televisión en vivo a una conductora que le hizo una pregunta muy pertinente: “que debería leer la constitución”. Al poco tiempo el muñeco dio marcha atrás con la medida que generó la incómoda pregunta, dándole la razón a la conductora días después. En síntesis, este muchacho, puede ser un perrito faldero o un simulador de lobo según las circunstancias lo requieran, de modo que si: se puede ser un títere y un tirano a la vez. Pero, más allá de que cumplió el sueño del pibe, al coronarse como presidente de la república, es muy evidente que el cargo le quedó demasiado grande. Primero, porque desde un principio su gobierno se vio dividido en por lo menos tres grandes “partes”, la propia del muñeco, la de la yegua y sus secuaces y las del panqueque masita. Y, al repasar, fue muy evidente que los lugares en los que se manejan dineros en forma más discrecional, las famosas cajas, fueron ocupados por los chiques de la “cagampora”. Es cierto que “alverso” mantuvo el manejo de la economía, no en su totalidad, pero, por lo menos, si en cuanto al manejo general. Y ese mismo flanco fue el que aprovecharon los aliados opositores (si, se transformaron en eso, más allá de la aparente contradicción) para criticar a su propio gobierno, por las medidas anti populares que se vio el muñeco obligado a tomar: la negociación por la deuda tomada por el gobierno del gato con el FMI y la gestión económica que no se diferenció mucho de la anterior: inflación, subsidios, poco aliento a la inversión productiva, aumento de la pobreza. Es decir, lo poco que gobernaba el “alverso”, era esmerilado constantemente por sus aliados. Las diferencias llegaron al paroxismo cuando luego de la derrota electoral en la elección de término medio, los muchachos de la “cagampora” amagaron con la renuncia, ninguno de estos pillos puso la palabra indeclinable en sus cartas, ya que es muy penoso para aquel que vive de la teta del estado, desprenderse de ella, no vaya a ser cosa que tuvieran que dedicarse a trabajar de verdad, no, por favor, dios no te oiga. En lugar de aceptar ese simulacro de renuncias, que a lo único que apuntaban era a la renuncia del “nieto sorete” como jefe de gabinete, por lo contrario, ese movimiento obligó al presidente a realizar varios cambios, que incluían a su hombre de confianza el “nieto sorete”, a pasarlo de la jefatura de gabinete a un puesto no tan relevante para el adentro, pero si para la relación con el mundo: el ministerio de relaciones exteriores. En lugar de tomar el toro por las astas, este pusilánime intentó una derrota digna. De más está decir que su jefatura ha sido virtual, ya que de ninguna manera otro dirigente del espacio sorete hubiera soportado que le dijeran: “mequetrefe”, “ocupa”, “borracho”, desde su mismo partido. En otras épocas, al que dijo “peronismo sin Perón” ya sabemos cómo le fue… pero ahora todos se le animan a este simulacro de jefatura que encarna el muñeco maldito del “alverso”. A partir de la derrota de mitad de término su gobierno viene cayendo en picada, teniendo que poner gente de poca confianza en la jefatura de gabinete, al cual le trató de quitar importancia, en un juego casi esquizofrénico por tratar de aferrarse a lo poco de poder que le quedaba. Luego tuvo que poner a la “morsa” en el ministerio de seguridad, cosa que parece un chiste, si no fuera que es la triste realidad. Más tarde su tan denostado ministro de economía tuvo que retirarse para no ser más el receptor de todos los golpes amigos, para dar lugar a una corrida hacia el dólar que hizo que la nueva ministra durara tan solo unas semanas en su puesto, dando lugar a la entrada con bombos y platillos del “superministro”: el “panqueque traidor”. De manera que la tercera pata del gobierno se convirtió en casi el sustento del gobierno. De pronto, más allá de que la inflación continuó a ritmo en ascenso, las críticas internas hacia el propio gobierno se esfumaron en el aire. Es que el panqueque, más allá de que fue tildado de traidor, y de que él mismo en años anteriores dijo que iba a meter presos a sus actuales aliados, es uno de ellos, es un sorete, bien sorete, por más que en algún momento militara en otras huestes. En eso son admirables los soretes, se es y se deja de serlo de un segundo al otro, como por acto de magia, pero cuando se es, se es fanáticamente. Pero, por más que quieran disimularlo, la gestión del sorete panqueque es peor que la de su antecesor, solo que esta vez parece haber habido un pacto de no agresión firmado entre los cabecillas del frente, de modo que a los “militantes”, no les queda otra que tragarse sapos. De manera que el gobierno del títere tirano se viene derrumbando poco a poco, como el ánimo de la gente que debe soportar aumentos de precios constantes y cortes de luz por falta de control a las empresas proveedoras del servicio. La derrota electoral asoma como un fantasma bien visible y palpable, ni los más optimistas creen en la victoria, y si, van a tener que salir a laburar, y van a tener que ir pensando en acciones desestabilizadoras, esta vez sí, desde la oposición. * esto fue escrito el 15 de marzo de 2023 cuando el presidente era el hoy exiliado Al-verso Fernandez

martes, 4 de junio de 2024

Autoritarismo

Si bien el progresista idiota se muestra a veces como un anti-autoritario, en general son fervientes defensores del sistema socialista el cual empíricamente ha demostrado estar ajeno a la libertad de prensa y de pensamiento, dos libertades fundamentales para el funcionamiento de un estado de derecho. Entonces: el progresista idiota es tanto o más autoritario que el energúmeno de derecha del cual quiere diferenciarse.

Selectivos.2

El progresista idiota es un defensor de la causa de la igualdad de las mujeres. Por eso mismo suelen estar del lado de la mujer en los casos de denuncias por abuso sexual, sin embargo, cuando estas denuncias caen en algún referente de su espectro ideológico, automáticamente se transforman en fervientes defensores de la presunción de inocencia. En esto también son muy selectivos.

Propaganda efectiva

Una clara demostración de como la propaganda puede deformar los hechos de manera muy efectiva, es como desde el mundo anglo sajón se instaló...