viernes, 19 de abril de 2024
No la vimos venir
Hay una frase que se popularizó en estos últimos tiempos: no la ven. Y la verdad es que muy pocos imaginaron que el actual presidente, incluido yo mismo, podría ganar las elecciones prometiendo básicamente un ajuste. Su recorrida promocional en las caravanas con una motosierra en la mano bastaba para suponer: este tipo no gana ni en pedo. Y sin embargo ganó. Ahora, a más de cien días del comienzo de su gobierno, se constata que no fue un “bluff” como nos tienen acostumbrados los políticos: el tipo está haciendo lo que prometió: un ajuste brutal en las cuentas del estado. Esto tiene consternados a todos los analistas políticos que no comprenden como el presidente no pierde su imagen positiva. Eso en realidad tiene una muy fácil explicación: como está haciendo lo que prometió, nadie de los que lo votaron puede decir nada. Es así: te gusta el durazno: bancate la pelusa. Financieramente al gobierno le va mejor que políticamente: y sí, hay que recordar que se trata de un economista y no de un político de raza. Para eso lo hubieran votado al panqueque. Este muchacho no juega el juego de la política, de hecho ha perdido casi todas las contiendas en el congreso. Sin embargo, esa debilidad en números parece ser su fortaleza. Se están cayendo las caretas de los que dicen querer el cambio, pero que ponen severas trabas cuando el cambio parece ser muy “radical”. Como esto es Argentina, un país sin rumbo desde hace muchos años, no se sabe cómo va a terminar este experimento. Probablemente mal, como pasa con todo en este país. Espero equivocarme, ya que me considero uno más que no la vio venir, pero que sin embargo votó por “el cambio”.
Entre fascismo y nazismo
Este país, Argentina, está desde mediados del siglo veinte, desde la década del 30 para ser más precisos, formateado por distintas caras del fascismo político. Cuando digo fascismo me refiero a una forma autoritaria de intervención del estado en toda la cosa pública, sin llegar a ser socialismo, ya que este último es el gran enemigo del fascismo. Con sólo estudiar la biografía del primer gran fascista: Benito Mussolini, se puede comprender rápidamente esta dicotomía: El Duce se escindió del partido socialista para construir su engendro corporativo, que hubiera funcionado bastante bien si su principal discípulo, un tal Adolf, no se hubiera empecinado en comenzar la segunda guerra mundial llevando a Europa y a gran parte del mundo a la autodestrucción. Es por esto que, su otro discípulo, un tal Juan Domingo, luego de la gran derrota, jamás se reivindicó como fascista, como hacerlo después de aquel desastroso final, sin embargo siempre se llenó la boca de que él fue quien trajo la revolución de Europa, y, descartando de cuajo la socialista de la Unión soviética, no queda otra que la fascista de Mussolini y de Hitler. El tema es que cuando se destituyó al “general”, se continuó casi con todas sus políticas, es más, en la dictadura de Onganía es cuando toman gran preponderancia los sindicatos, cosa que hasta nuestros días marca la realidad política. Es que los que los sucedieron eran tan fascistas como el que mandaron al exilio. Quizás un tanto más nazis que fascistas, que es casi lo mismo pero con esa cosa anti semita más marcada. Por eso es que los jerarcas nazis escapados de la posguerra vivieron con una casi tranquilidad a pesar de que los gobiernos militares se alternaban con los débiles gobiernos semi-democráticos, semi ya que el Justicialismo estuvo proscrito hasta 1973. En ese año comenzó uno de los peores gobiernos de la historia, primero el del “tío” Cámpora que se rindió rápidamente ante la llegada del “jefe” y luego el del “general”, que ya sabiendo que le quedaba poco de vida, tuvo la genial idea de poner a su tercer esposa en la vice presidencia con las consecuencias desastrosas que ya se conocen. Y después vino el gobierno más nazi de toda la historia, con sus centros de detención clandestinos, sus torturas, sus “robo de niños”. Es decir desde aquel primer golpe militar del siglo veinte, que nuestro país se ve marcado por el fascismo. Esto, creo yo, que es la tarea casi imposible que debería emprender el político con los cojones suficientes para intentar darle un rumbo político a estas tierras: la “desfascificación” del país.
Dime donde te exilias y te diré quien eres
Respondiendo esta simple cuestión podríamos demostrar fácilmente que el tan mentado “general” no fue otra cosa más que un fascista. Primero fue el Paraguay de Stroesner, uno de los dictadores más longevos de Latinoamérica. Tras una corta estadía en Panamá, donde conoce a su tercera esposa, se establece en Venezuela donde sufre un par de atentados y termina en República Dominicana, presidida por el dictador Rafael Trujillo. Para luego terminar en la España de “generalísimo” Franco, otro fascista. Es decir: para aquellos ingenuos que creen que el peronismo es una forma de socialismo, ¿cómo pueden explicar que terminara exiliado en la España de Franco y no en la Cuba de Castro? Es muy simple la respuesta, solo que muy incómoda.
Agoniza la verdad
Hay una profunda crisis en el ejercicio del periodismo a nivel mundial. La credibilidad parece no ser importante: se presentan noticias sin el menor rigor: es muy fácil que un comunicador caiga en lo que se denomina: “fake news”. Puede ser producto de la velocidad con la que corren las noticias actualmente: nadie quiere quedarse afuera de una primicia, por lo que se corre el riesgo, al no tener tiempo de chequear la noticia, de caer en falsas noticias. Hay cientos de ejemplos de estos casos: los más notables es cuando se pasa la noticia de la muerte de algún famoso. He llegado a ver en televisión al propio supuesto occiso, declarando en vivo y en directo que él no estaba muerto. Más allá de eso: ha surgido en el mundo un nuevo concepto: la “pos verdad”. Es decir: una mentira repetida tantas veces que la gente en general termina creyendo esa “no verdad”. Esto quizás sea tan viejo como el periodismo: como no recordar aquellos encendidos discursos de Marat durante la revolución francesa, que llevaron a la muerte a decenas de personas, sólo por sospecharse de ellas que eran contrarios a la revolución. Pero, más allá de los fanáticos propagandistas que siempre los hubo, esas eran las excepciones, ahora son lo más común. Hace unas dos décadas, cada noticiero tenía un columnista que daba su opinión sobre un tema en particular que en general atendía a la coyuntura más relevante del momento. Hoy en día, hay programas colmados de panelistas que lo único que hacen es opinar sobre cualquier tema que se le presente, casi siempre con total irresponsabilidad y aportando muy pocos datos fehacientes. Es decir: el opinólogo le ha ganado al periodista. De este modo es que la verdad agoniza en manos de quien debiera ser su guardián.
viernes, 12 de abril de 2024
Alineamiento
Vemos con cierta perplejidad como nuestro nuevo gobernante, el libertario, ya desde la campaña electoral, proponía un alineamiento casi incondicional con el eje occidental, es decir EEUU-OTAN-Israel. Sabido es que en la década infame de los 90, esto nos llevó a enviar, casi simbólicamente, soldados que hicieron tareas de cascos blancos en los conflictos promovidos por el gran aliado del norte. Esto tuvo como consecuencia una cierta estabilidad económica, corrupción evidenciada en la venta de armas a Croacia, y dos atentados internacionales recibidos en nuestro suelo. En esta época, en el que, casi en forma idéntica, hay conflictos tanto en Europa como en oriente medio, este nuevo alineamiento con los objetivos geopolíticos del gran amigo del norte, nos puede llevar a más de lo mismo. Sinceramente, por el bien de nuestra sociedad, espero estar equivocado.
12 de Abril de 2024
jueves, 11 de abril de 2024
Vientos de guerra
Hace varios años que se perciben vientos de guerra a nivel mundial. La infame tercera guerra mundial para algunos ya comenzó. Una fecha tentativa de inicio es el 11 de septiembre de 2001. Pero eso será fuente de debate futuro para los historiadores. En estos últimos días los hechos no dejan de escalar: desde el atentado en Siria a un establecimiento diplomático de Irán, lo que por sí solo puede ser tomado como “casus beli”, hasta la declaración del Secretario de estado de EEUU, Antony Blinken, de que “Ucrania va a ser parte de la OTAN”, lo que presupone una declaración de guerra a Rusia, más las tensiones entre China y Taiwan, el mundo parece estar encaminado hacia una nueva autodestrucción. Para colmo no hay referentes muy visibles partidarios de la paz, a pesar de que en mi opinión representan la inmensa mayoría de los habitantes humanos del planeta. Pero son una mayoría sin voz. Suenan los vientos de guerra y a pesar de que muchos analistas de redes sociales alternativas están alertando a la población mundial, la gente parece estar mirando para otro lado, sin percibir que el futuro de sus vidas está en juego.
Inmolación europea
Parece increíble que la cultura europea, cuna de la civilización occidental, se arrastre de manera tan servil detrás de los objetivos geopolíticos de su gran socio americano. Como bien saben hacer los yanquis: generaron un conflicto que, si bien estaba latente, llevaron a su archienemigo de la guerra fría a la casi única alternativa que fue invadir Ucrania, quedando estos como los malos de la película, bien al estilo Hollywood. Luego del inicio del conflicto las potencias europeas se vieron forzadas a adherir a las sanciones económicas que supuestamente iban a poner en jaque a la economía rusa. Hoy, a más de dos años de comienzo del conflicto, es evidente que dichas sanciones no hicieron otra cosa que afectar más que nada a la economía europea, sobre todo la alemana, que se encuentra en recesión, muy probablemente por el hecho de no recibir energía, sobre todo gas, a buen precio desde Rusia, teniendo que importar a mayor costo sobre todo desde el gran socio del norte. Conclusión: el conflicto afecta sobre todo a las naciones europeas, siendo el terreno del foco del conflicto, y los perjudicados son casi exclusivamente los europeos. La economía rusa parece gozar de salud gracias a la guerra, tanto que pareciera que no tienen mucho apuro en darle fin al conflicto. Mientras tanto, los representantes del pueblo francés, parecen quedar en ridículo cada vez que esbozan una amenaza, cual matón de barrio, prometiendo enviar soldados al frente del conflicto. Los rusos por su lado amenazan con una escalada nuclear, lo que traería consecuencias desastrosas no solo a Europa, sino a todo el planeta. La tercer guerra mundial está más cerca de lo que uno supone ante la indolencia del público en general, y todo para satisfacer los deseos geopolíticos de un imperio en decadencia, que, como se suele decir en las películas de acción: quiere llevarse puesto a unos cuantos en su caída.
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