sábado, 20 de abril de 2024
Matriz fascista
La república argentina esta formateada por una matriz fascista. Esto puede rastrearse hasta la década del 30, la llamada década infame, en la que las ideas fascistas se fueron filtrando dentro de la dirigencia política del país, que se evidenció en el autoritarismo de una clase social que no creía en la democracia, la tiranía de las estadísticas, como diría un gran intelectual. En esa época el vehículo por el que entraban esas ideas fue la casi devoción que se tenía por Alemania, tan así era que los uniformes de nuestra fuerzas armadas eran muy similares a los de aquel país. Llegó a haber reuniones del partido nazi en el mítico Luna Park, de la que hay registros fotográficos. Todo esto tuvo su continuidad con el peronismo, sabido es que Perón estuvo como agregado militar en la Italia gobernada por Mussolini, del cual nunca ocultó su admiración. Las reformas planteadas por el “general” fueron hacia el lado del pseudo socialismo, es decir el fascismo, aunque esto nunca fue explícito, ya que era imposible luego de la gran derrota del eje. Cuando fue depuesto el “general”, los gobiernos subsiguientes se alternaron entre dictaduras y gobiernos democráticos débiles ya que el peronismo estuvo proscripto, en los que la matriz general nunca fue alterada significativamente. Recién en los 90, con la llegada del “patilludo” hubo un leve giro hacia el neo liberalismo: se privatizaron empresas públicas (todas deficitarias y atrasadas tecnológicamente) y se liberó la importación produciendo una destrucción de buena parte de nuestra matriz productiva, es cierto que en la última dictadura hubo un intento de hacer algo parecido, pero no fue tan profundo. Luego vinieron 20 años de vuelta al estatismo exacerbado con una corrupción descarada, que es la regla más que la excepción en nuestras tierras. Y en estos tiempos aparece un anarco capitalista que no cree en el rol del estado como regulador de la vida del ser humano, pero, a juzgar por las últimas medidas (control de precios a las prepagas) parece evidenciar que la matriz fascista del estado no puede ser desmantelada tan fácilmente.
viernes, 19 de abril de 2024
La espada y la cruz
La conquista de Hispanoamérica ha necesitado de dos herramientas imprescindibles: la espada y la cruz, y, sin duda, la segunda ha sido mucho más efectiva que la primera: luego de varios siglos, el continente se ha podido desembarazar del yugo español, sin embargo pocos lugares en la tierra son tan cristianos como lo que hoy se llama Latinoamérica.
La ética en la historiografía
Según los modos y costumbres actuales, nuestro máximo héroe nacional el General Don José de San Martín, hoy podría ser catalogado de pedófilo, por casarse con una mujer de 14 años. Es absurdo juzgar éticamente una época distinta, sin embargo es muy común, sobre todo dentro del ámbito de la historiografía de izquierda.
Peligrosa condescendencia
Hay una tolerancia de las personas que dicen ser de izquierda hacia lo que en otros casos serían considerados crímenes de lesa humanidad. Tanto Stalin como Mao y otros dictadores de izquierda han gozado de esta condescendencia, y el resultado ha sido la muerte de incontables seres humanos sin el debido ruido que esto debiera haber producido.
Por esto es que las personas de izquierda son cómplices, a veces por ignorancia, de los mayores crímenes cometidos contra la humanidad.
Política exterior argentina
La política exterior argentina tiene una característica a lo largo de la historia: la inconsecuencia. Ya desde los comienzos autónomos, en los que los llamados patriotas se disputaban en ser más o menos obsecuentes con Inglaterra, Portugal, España o Francia, pasando por la “neutralidad” en los grandes conflictos del siglo veinte (1ra y 2da Guerras mundiales), y luego en la década del 70 el casi total alineamiento con el gigante del norte, que tuvo un lapsus durante el gobierno de Alfonsín, que trato de darle vida al grupo de países no alineados, para volver en la década menemista a las relaciones carnales con EEUU. Luego, durante la hegemonía K, se jugó a primero, en el gobierno de Néstor a denunciar a Irán por los atentados sufridos en los 90, para luego dar por tierra con eso, durante el gobierno de Cristina, en el que se intentó un “tratado de entendimiento” (siempre estos nombres extraños para movimientos oscuros de nuestra diplomacia) que terminó con la denuncia del fiscal de la causa AMIA a la presidente por traición a la patria y posterior muerte de este en circunstancias aún hoy no dilucidadas. Hoy el nuevo gobierno vuelve al alineamiento con el norte y occidente en forma casi indecorosa. Es el destino de un país que nunca encontró su política de estado en lo que se refiere a relaciones exteriores… junto con muchas otras políticas inconsecuentes.
No la vimos venir
Hay una frase que se popularizó en estos últimos tiempos: no la ven. Y la verdad es que muy pocos imaginaron que el actual presidente, incluido yo mismo, podría ganar las elecciones prometiendo básicamente un ajuste. Su recorrida promocional en las caravanas con una motosierra en la mano bastaba para suponer: este tipo no gana ni en pedo. Y sin embargo ganó. Ahora, a más de cien días del comienzo de su gobierno, se constata que no fue un “bluff” como nos tienen acostumbrados los políticos: el tipo está haciendo lo que prometió: un ajuste brutal en las cuentas del estado. Esto tiene consternados a todos los analistas políticos que no comprenden como el presidente no pierde su imagen positiva. Eso en realidad tiene una muy fácil explicación: como está haciendo lo que prometió, nadie de los que lo votaron puede decir nada. Es así: te gusta el durazno: bancate la pelusa. Financieramente al gobierno le va mejor que políticamente: y sí, hay que recordar que se trata de un economista y no de un político de raza. Para eso lo hubieran votado al panqueque. Este muchacho no juega el juego de la política, de hecho ha perdido casi todas las contiendas en el congreso. Sin embargo, esa debilidad en números parece ser su fortaleza. Se están cayendo las caretas de los que dicen querer el cambio, pero que ponen severas trabas cuando el cambio parece ser muy “radical”. Como esto es Argentina, un país sin rumbo desde hace muchos años, no se sabe cómo va a terminar este experimento. Probablemente mal, como pasa con todo en este país. Espero equivocarme, ya que me considero uno más que no la vio venir, pero que sin embargo votó por “el cambio”.
Entre fascismo y nazismo
Este país, Argentina, está desde mediados del siglo veinte, desde la década del 30 para ser más precisos, formateado por distintas caras del fascismo político. Cuando digo fascismo me refiero a una forma autoritaria de intervención del estado en toda la cosa pública, sin llegar a ser socialismo, ya que este último es el gran enemigo del fascismo. Con sólo estudiar la biografía del primer gran fascista: Benito Mussolini, se puede comprender rápidamente esta dicotomía: El Duce se escindió del partido socialista para construir su engendro corporativo, que hubiera funcionado bastante bien si su principal discípulo, un tal Adolf, no se hubiera empecinado en comenzar la segunda guerra mundial llevando a Europa y a gran parte del mundo a la autodestrucción. Es por esto que, su otro discípulo, un tal Juan Domingo, luego de la gran derrota, jamás se reivindicó como fascista, como hacerlo después de aquel desastroso final, sin embargo siempre se llenó la boca de que él fue quien trajo la revolución de Europa, y, descartando de cuajo la socialista de la Unión soviética, no queda otra que la fascista de Mussolini y de Hitler. El tema es que cuando se destituyó al “general”, se continuó casi con todas sus políticas, es más, en la dictadura de Onganía es cuando toman gran preponderancia los sindicatos, cosa que hasta nuestros días marca la realidad política. Es que los que los sucedieron eran tan fascistas como el que mandaron al exilio. Quizás un tanto más nazis que fascistas, que es casi lo mismo pero con esa cosa anti semita más marcada. Por eso es que los jerarcas nazis escapados de la posguerra vivieron con una casi tranquilidad a pesar de que los gobiernos militares se alternaban con los débiles gobiernos semi-democráticos, semi ya que el Justicialismo estuvo proscrito hasta 1973. En ese año comenzó uno de los peores gobiernos de la historia, primero el del “tío” Cámpora que se rindió rápidamente ante la llegada del “jefe” y luego el del “general”, que ya sabiendo que le quedaba poco de vida, tuvo la genial idea de poner a su tercer esposa en la vice presidencia con las consecuencias desastrosas que ya se conocen. Y después vino el gobierno más nazi de toda la historia, con sus centros de detención clandestinos, sus torturas, sus “robo de niños”. Es decir desde aquel primer golpe militar del siglo veinte, que nuestro país se ve marcado por el fascismo. Esto, creo yo, que es la tarea casi imposible que debería emprender el político con los cojones suficientes para intentar darle un rumbo político a estas tierras: la “desfascificación” del país.
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