jueves, 25 de abril de 2024

La dependencia de lo simbólico

Hay una fuerte dependencia en el género humano de lo simbólico. Por ejemplo, la devoción hacia las banderas, ya sea nacionales o de equipos de futbol o de otro deporte, al punto de que somos capaces de agredir a quien lleve los colores de un equipo o nación contraria u hostil a la nuestra. Ese mismo peso que tiene lo simbólico se manifiesta en nuestra dependencia del lenguaje, somos capaces de reaccionar violentamente ante un insulto; en frio podría pensarse: no es más que una palabra, nada más, no hay porque hacer tanto drama… pero es sabido que una simple palabra de más en una discusión, puede alterar tanto los ánimos como para llegar a la violencia física. Ni que hablar del dinero, que simboliza un valor, sin ese valor simbólico no sería más que papel pintado, sin embargo, estamos dispuestos a matarnos los unos a los otros por esos benditos papeles pintados. El ser humano es el animal que hace de lo simbólico algo fundamental para su vida. Sin eso no seriamos más que monos.

Dialogo entre Colón y el primer aborigen que se encuentra:

COLON: Buen día señor Indio. ABORIGEN: Buen día, pero usted se equivoca, no soy indio. COLON: Dale boludo, no me jodas, vos sos indio. ABORIGEN: Mire señor de vestimenta graciosa: no sé qué mierda es un indio, pero yo no lo soy. COLON: Pero… sos bastante cabeza dura… ignorante y arrogante… vos sos un indio. Basta que no se hable más… por favor: azoten a este indio hasta que entre en razón. Mientras el Aborigen era azotado, Colon comentaba: COLON: Miren si me voy a dejar llevar la contra por un sucio Indio. ABORIGEN: En vez de azotarme a mí, tendrías que tener cuidado del otro… COLON: A ver Indio de mierda: ¿de quien tendría que tener cuidado? ABORIGEN: De Vespucio, ese te va a despojar. COLON: Bueno basta de estupideces, ahorquen a este insolente indio. Mientras se cumplía su orden, Colon le preguntó a un asistente. COLON: ¿Che: quien carajos es ese Vespucio? ASISTENTE: No tengo la menor idea. ¿Quiere que lo busquemos y lo ahorquemos? COLON: Y si, por las dudas. No vaya a ser que este sucio e ignorante indio tuviera razón.

El ente

El intento de responder la pregunta acerca del ser, es decir lo que estudia la ontología, se podría describir como un perro que intenta morderse su propia cola, pero que nunca llega a hacerlo. El perro debería saber que, ya que nunca pudo llegar a morder su cola, nunca podrá hacerlo, sin embargo lo intenta. Todas las denominadas escuelas filosóficas, desde el racionalismo hasta el existencialismo, pasando por el estructuralismo y el deconstructivismo, no son más que intentos de mordernos nuestra propia cola: es algo que nunca vamos a poder hacer; pero es algo que nos entretiene y en lo que ponemos bastante empeño, tanto que a muchos se les va la vida intentando encontrar “el” sentido de la vida. Y pensar que solo hubiera bastado con leer bien a Friedrich Nietzsche para saber que no hay ningún sentido de la vida y que la filosofía no es más que una distracción de pseudo intelectuales.

Edad Media no superada

Hay muchos indicios acerca de que la Edad Media no ha sido superada por la humanidad, a pesar de la ciencia moderna, y de los, en apariencia, importantes cambios políticos: todavía hay formas de esclavitud y de venta de personas como si fueran mercancía; todavía se veneran a algunos reyes, aunque su gobierno sea más que nada simbólico; todavía creemos en religiones absolutamente absurdas y se venera a los hombres religiosos como si fueran hombres superiores. Estamos en la era de la tecnología: nunca los avances estuvieron tan al alcance de todos como hoy en día: con un celular tenemos acceso a casi todo el conocimiento reunido en 40 o 50 siglos, más allá de que de todo ese conocimiento, nos quedemos solo con los chismes y la pornografía. Nuestros sentidos están en el siglo 21, pero nuestra cultura no supero el siglo 18. Ni hablar de nuestros prejuicios morales o éticos: seguimos creyendo en el bien y el mal como entidades únicas y contrapuestas, algo muy rudimentario si se lo analiza apenas superficialmente. Todavía odiamos al diferente y estamos dispuestos a asesinar o ser asesinados por conceptos tan antiguos y sin sentido como el de patria o el de dios. Nuestra edad cultural no está a la altura de los avances tecnológicos, de alguna manera sigue sumida en las oscuridades de la edad media, aunque nuestros rostros estén iluminados la mayor parte del tiempo por las pantallas de nuestros celulares, laptops y tablets.

Drogas y mercado

Hay un prejuicio muy común que es el de relacionar a los músicos, sobre todo a los de rock, como consumidores de drogas ilegales. Si nos guiamos por este prejuicio, pareciera ser que solo los músicos se drogan. Si fuera así el mercado sería bastante reducido y no habría tantas mafias disputándose uno de los negocios más lucrativos del mundo humano. El equívoco parte de algunas letras reivindicativas del consumo, o apologistas de determinadas sustancias, los temas Cocaine de JJ Cale, o Heroína de Lou Reed, por ejemplo, y por las muertes de famosos rockeros asociadas al exceso del consumo de drogas legales e ilegales: el club de los 27. El tema es que en los rockeros “queda bien” drogarse, es más: es lo que todo el mundo espera del rockero: que sea un adicto. La tan mentada trilogía: sexo, droga y rock and roll, no hace más que confirmar esto. Por lo tanto el rockero que se droga no es un rebelde, todo lo contrario: está haciendo lo que se espera de él. Está confirmando el cliché. Seguramente hay, en números brutos, tantos o más abogados, mecánicos, bibliotecarios o lo que sea, que consumen drogas: la diferencia es que como no se ufanan de ese consumo, uno cree que en esas profesiones o actividades más mundanas no hay tanto vicio. Pero el vicio esta en todos lados: de otra manera no habría tanta gente matándose por controlar una parte de ese comercio ilegal.

Después de Nietzsche

Luego de leer a Nietzsche es casi imposible volver a leer a otros filósofos sin sentir pesadez y disgusto; como el mismo se vanagloria en su Ecce Homo. Es que su estilo tan vivaz se contrasta con el olor a formol que despiden los demás autores de filosofía. Sin duda hirió de muerte a la filosofía, sobre todo en su Ocaso de los Ídolos, herida que no pudieron sanar ni Heidegger, ni Sartre, ni Derrida, ni nadie más que se internó en los temas filosóficos clásicos, sobre todo porque ninguno de ellos supo igualar el genial estilo venenosamente poético del loco menos loco de la historia.

Dios y patria

“God i a concept by which we measure our pain” escribió Lennon en su canción God. Coincido absolutamente en la primera parte de su frase: dios es un concepto; que sea o no la forma en que medimos nuestro dolor, es discutible. Para unos, dios es una cosa, para otros: algo muy diferente. Pero que es un concepto, ya nadie lo discute. Lo que mantiene la fuerza de esta idea es que hay muchos que son capaces de morir o matar por esa idea. Es como el concepto patria: su poder está mantenido por la sangre que se derrama en su nombre.

La lección

La principal lección que relfeja la elección de medio término en EEUU es la de que no se puede hacer cualquier cosa. Trump se manejó cual em...